Osvaldo Golijov
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Ayre (2004): Reviews
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From: Diario La Nacion, Argentina (Pablo Kohan)

Una exquisita combinación
"Ayre", de Golijov, y "Folk Songs", de Berio, según la cantante Dawn Upshaw

Por dos tipos de combinaciones absolutamente diferentes, este disco es una joyita de rigurosa actualidad. Por un lado, presenta una combinación musical harto elocuente y significativa de dos creaciones para canto y ensamble de cámara de Luciano Berio y de Osvaldo Golijov. Por el otro, en la tapa del compacto, sobre un par de manos acogedoras y ornamentadas con filigranas de grafías que hubieran hecho las delicias de León Ferrari, se despliega la muy castiza palabra "Ayre", flanqueada, en singular armonía y paz, por sus traducciones al hebreo y al árabe, un símbolo de convivencia artística que debería tener más oportunidades.

Parece ocioso tener que extenderse sobre el presente y los valores de Golijov, un compositor argentino que se está transformando, sólo por cuestión de talento y fantasía, en un ícono de la composición contemporánea (ver LA NACION, 28-4-06). "Ayre" fue una obra comisionada por Dawn Upshaw y que tuvo su estreno en el Carnegie Hall, en marzo de 2004. Originalmente, Golijov la pensó como un complemento para "Folk Songs", una obra de Berio, de 1964, que es una recreación de canciones populares de diferentes geografías y culturas para voz femenina y septeto. La reunión en este compacto es un hallazgo que permite apreciar las innumerables bellezas de ambos ciclos de canciones, pero también el modo en el cual cada compositor es fiel a sus propios credos partiendo de la música popular.

"Ayre" es un ciclo de once canciones tradicionales españolas, árabes y judías, estas últimas, en hebreo y en ladino, la lengua que se llevaron consigo los judíos luego de la expulsión de España en los tiempos de la Inquisición. Si Berio aplica en dosis mínimas y distinguibles recursos devenidos de su práctica compositiva en los senderos de la vanguardia posterior a 1950 -y produce unas canciones realmente admirables y de "fácil" degustación- Golijov nuevamente hace gala de su estilo multicultural, con esa capacidad para hacer convivir estímulos sonoros de las más diferentes proveniencias y a los cuales transforma y resignifica en un idioma propio y único, lejos de cualquier vanguardismo acendrado o autosuficiente y, al mismo tiempo, muy cerca de las percepciones que la memoria de cada oyente puede proveer.

Hay canciones de cuna, cantos festivos, cantos de amor, romances sefaradíes, canciones en árabe de la España medieval y cantos devocionales en una sucesión ininterrumpida y en la cual se entremezclan, tal como Golijov acostumbra e impone, sonidos del propio mundo de las culturas de las cuales desciende el material con otros tan disímiles como recursos de vanguardia, instrumentaciones heterodoxas, rítmicas del pop y del rock, colores tangueros y emisiones vocales de las más variadas. La obra es exuberante en ideas, cautivante por su diversidad y el resultado es fascinante y apto para todo público sensible y abierto.

El trabajo de Upshaw es excepcional. Desde el canto más lírico hasta el más popular y desprovisto de cualquier afectación académica, la soprano pasa con suficiencia y en pleno dominio por terrenos que podrían generar incomodidad y desasosiego en cualquier cantante aferrado a cierta tradición de emisión.

Su afinación es impecable o sin temperamento distinguible según los requerimientos de la partitura y sus interpretaciones toman en detalle los textos y los planteos musicales de Golijov. Cambian sus estados de ánimo y sus matices pero siempre está segura y convincente. Los perros andaluces, curioso nombre para este ensamble de once instrumentistas, demuestran muchas destrezas y una muy lograda integración con Upshaw.

Hace pocos días culminó el homenaje que a Mauricio Kagel le organizó el Teatro Colón con la excusa de que este año cumple setenta y cinco. ¿Habrá que esperar todavía treinta años más para que a Golijov se le ofrezca algo similar, algo diferente del silencio?

Sobre la base de los méritos ya exhibidos, de los premios y del reconocimiento que constantemente recibe el músico platense, parecería que no debiera ser así.



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